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lunes, 3 de noviembre de 2025

Jesús Gironés: "Pozuelo ignora a sus artistas"/2011

 


Jesús Gironés: 

"Pozuelo ignora a sus artistas"


El responsable de exposiciones de El Foro escribe poesía desde que tenía uso de razón. Su padre intentó publicarle un libro con 14 años porque su abuelo era un impresor muy conocido. Ahora sus poemas forman parte de Blanco Nuclear, una antología que veía la luz este verano. Lo suyo es el periodismo, el arte y otras historias.

Con Luis Antonio de Villena, Luis Daniel Pino y Carlos Delgado Mayordomo. Junio 2011


Está contento con su aportación de seis páginas a un libro que para muchos es polémico. Tal vez porque no es una recopilación cualquiera sino una antología de poesía gay y lésbica promovida por Luis Pino. Jesús cree que Blanco Nuclear, una obra sobre la sexualidad en todas sus vertientes, ofrece un panorama muy rico y es una caja de sorpresas. Con su aparición ha sacado dos conclusiones interesantes: que no todo está tan asumido como dicen y que la poesía, un género que considera excitante -una sola página te puede abrir un mundo y llenarte tanto como una novela-, asusta mucho a la gente y a sus amigos que todavía no han comprado el libro

Del amor y La Voz de Pozuelo

Los poemas de Jesús Gironés hablan del desamor y del amor imposible, del suicidio, de las cosas que le afectan y de lo cotidiano. Artistas como Almudena MoraRosa Guerrero y Guillermo Martín Bermejo habían hecho libros mezclándolos con imágenes propias y otros estaban en el Libro Objeto ST, una aventura multidisciplinar. Pero hasta ahora no los había visto impresos. Al menos tantos y tan juntos; Yolanda Pérez Herreras ha publicado alguno en la revista Experimenta. Y le hace ilusión porque la lectura es una de sus pasiones. Tiene otra, la escritura. Por culpa de las dos y por "picotear" un poco de derecho y economía pasó por la facultad y se licenció en Periodismo. También se animó con un doctorado en sociología.

Un día de 1984, paseando por las calles de Pozuelo, uno de sus deportes favoritos, Jesús se encontró con su amiga Maloles Bastos. Ella le comentó que el periodista Jesús Mora y la concejal de Cultura, Elisa Fraga, querían editar una revista y acudió a la primera reunión de redacción. Se llamaba La Voz de Pozuelo, nació entonces y desapareció en enero de 2010. Durante dos décadas, Jesús Gironés firmó varias secciones en la publicación como Polaroid -entrevistas ilustradas con fotos polaroid recopiladas ahora en un blog- o Amor al Arte -vida y tendencias artísticas-.


Mucho pero que mucho arte

En la trayectoria profesional de Jesús Gironés El Foro Cívico Cultural lo es casi todo. Por amor al arte. Al de otros y al suyo. Le encanta ser el responsable de exposiciones de una asociación cultural, a punto de cumplir 32 años, por la que ha desfilado lo más florido y granado del mundo cultural. Los comienzos: una entrevista por encargo del director de La Voz de Pozuelo al pintor Angel Orcajo, presidente de la Junta Directiva. Desde el "engaño" han pasado muchos años y muchas cosas. Siempre en crisis permanente. Esto de trabajar por amor al arte -dice- debe ser como una droga porque en ello persisto.

Jesús dice que su labor es una aventura fascinante, de estar siempre con los ojos abiertos, y que cada vez que inaugura una exposición se le olvidan los malos rollos. Acaba de arrancar la nueva temporada de El Foro con Agustín Pilarte, un fotógrafo joven que expone por primera vez tras ocho años detrás de la cámara y lo próximo serán los cuadros de Alicia Rey. En diciembre una colectiva con Soledad BarbadilloPilar Cavestany y otros."Lo que más me gusta es que artistas que empezaron en El Foro como David TrulloCarolina Silva o Pepe Domínguez siguen con su carrera".

Vecino objetor

El dibujante Forges decía, cuando vivía en Pozuelo, que era un vecino objetor. Jesús Gironés no lo dice pero lo es. Dedicado a la cultura desde 1984, afirma que con la salida de Charo Martín-Crespo del Ayuntamiento la cultura ha ido en decadencia absoluta "en la pasada legislatura estaba en la UVI y ahora es una enferma terminal". Cuenta que durante cuatro años trató sin éxito de entrevistarse con África Sánchez, responsable hasta mayo pasado del área de Cultura y Festejos, para presentarse y aportar su experiencia porque cree que uniendo esfuerzos se pueden hacer grandes cosas. Aunque siempre que llega un nuevo equipo lo ve con optimismo.

Para Jesús Gironés Pozuelo es un sitio privilegiado que ignora a sus artistas. El responsable de exposiciones de El Foro reconoce que las bases están pero que hace falta imaginación y una política coherente que acostumbre al público a ver arte aquí porque de lo contrario anda perdido y se va a Madrid. No entiende como Pozuelo no tiene una escultura de José Luis Sánchez, Académico de Bellas Artes y vecino, en un espacio público. Ni que el pintor Vaquero Turcios haya muerto sin una exposición homenaje por parte del Ayuntamiento, "artistas como Paluzzi Farreras viven aquí desde hace más años que nuestros políticos y nunca se han interesado por su creación; el arte es una inversión a largo plazo y yo quiero que Pozuelo sea un centro artístico ahora. En 2050 ya no me interesa".

Lo que si le entretiene es la gente con la que se cruza cuando sale a hacer la compra y con la que charla en cualquier rincón de Pozuelo. Y le apena que la ciudad se quede sin memoria -¿por qué han tirado la consulta del Doctor Cornago y las otras casitas de la plaza del Rey? esto no pasaría en cualquier otro país europeo- y que no haya árboles en el centro. A él siempre le quedará su morera. Esa que espanta males.


Asunción Mateos

jueves 03 de noviembre de 2011

enpozuelo.es

Jesús Gironés enpozuelo.es



Con Carmela Saro Bernaldo de Quirós. El Foro, abril 2011

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martes, 12 de diciembre de 2023

Los últimos derrumbes

 


La artista María Ferrero sintió la necesidad de fotografiar las últimas ruinas de un Pozuelo que estaba condenado hace mucho a desaparecer. Algunos, los menos, sentirán nostalgia de un tiempo que se había detenido e importaba a muy pocos. Apenas la crónica de un derrumbe.


Habla el pozuelero Santiago Auserón a propósito de Semilla del Son de “esa especie de melancolía a la que nos aboca la desaparición de las cosas”. Y eso siento yo al pensar en los últimos derrumbes del Pozuelo de La Poza: el taller de Fernando Luengos, el bar restaurante en que algunas veces comí con él, los desguaces, talleres… Aquellas naves y calles algo fantasmagóricas, donde tiene su cabecera el 656 y que ahora intento recordar en las fotografías de la artista María Ferrero.

Los últimos restos de una de las partes más humildes y proletarias del pueblo que se resistía a ser engullido por la ciudad. Recuerdo en los setenta, al principio de venir a vivir, los veranos en que se cortaba el agua y había que bajar con garrafas a La Poza. Recuerdo aperitivos, comidas y tardes de tapas y cervezas; las visitas al taller de Fernando, la herrería convertida en el taller del escultor; la casa a la que acompañé alguna noche a Marcos Picazo. La mayoría de las historias del barrio me las contaba Enrique Sánchez Leal, que se las conocía todas.

Últimamente miraba más desde enfrente, que el autobús ahora lo cojo poco. Ahora se hablaba más de José Mercé, que se había hecho pozuelero, y tenía rincón fijo en los hermanos. Ya le había dicho a Martín-Crespo tiempo atrás: -Alcalde, búscame una casa en tu pueblo, que aquí se tiene que vivir bien…

Las fotos de María Ferrero dan testimonio de un no lugar. Ya nada quedará, los nuevos edificios empezarán a construirse. La nueva ciudad que hace mucho comenzó a ser Pozuelo traerá diferentes vecinos que poco querrán saber. Nuevas vidas comenzarán bajo el mismo cielo. Quizá los antiguos lavaderos sean por fin rehabilitados dignamente, y los vecinos harán alguna excursión, y los niños se sorprenderán tanto que hubiese un tiempo sin lavadoras, como se asombran al descubrir que la leche no viene del tetra-brick, sino de las vacas.

María Ferrero sintió la necesidad de ser testigo. Salir de su estudio, con nocturnidad y lealtad. ¿Para qué sirve la fotografía, el arte, el testimonio? Las últimas sombras, las ruinas de un Pozuelo que ya hace tiempo que no existía, excepto para la especulación inmobiliaria. Si no se salvaron los elegantes hoteles y fincas de veraneo, no lo iba a hacer una de las zonas humildes. De fondo, la agonía de algunas familias que no fueron previsoras, que creyeron que todo seguiría igual para siempre.

La nueva ciudad crecerá entre los escombros.

“A mi me lleva el aire siempre a tu vera, siempre a tu vera… Con lo que te quiero yo”, canta José Mercé de fondo, mientras miro los derrumbes y me despido. Han quedado los árboles, lo que no deja de ser maravilloso.

Jesús Gironés


Texto publicado en La Voz de Pozuelo, 12 de diciembre 2019

La Voz de Pozuelo






Fotografías: María Ferrero

María Ferrero

jueves, 24 de marzo de 2022

Ramón Bilbao


 

"Nunca descansaremos en Ramón Bilbao. Nunca acabaremos de abarcar su figura y su obra, que un día, como aquél y como éste, se presentan de improviso, obligándote a inaugurar un conocimiento, a tener que transitar inteligentemente de la nada al todo, del cero al infinito".

Miguel Logroño

Ramón Bilbao, “Alteraciones III”, 1986, óleo sobre lienzo, 130 x 162 cm.


El pasado ARCO 2022 Ramón Bilbao fue una de las estrellas mediáticas con su obra sobre Franco,  retratos de los últimos fusilados del franquismo y de otras personas de aquellos años convulsos. Mi sorpresa fue mayúscula al leer que el artista había fallecido el año pasado. Busqué en internet y no encontré absolutamente ninguna noticia sobre su fallecimiento. Recordé que la última vez que nos vimos fue en la presentación del Diccionario de Artistas de Pozuelo de Alarcón.

Por fin descubrí que Ramón Bilbao murió el 24 de Marzo de 2021.




Galería José de la Mano. ARCO 2022


Esta página es un pequeño homenaje al artista y su memoria. Aquí imágenes de la entrevista que publiqué en La voz de Pozuelo, diciembre de 1986.

Ramón Bilbao vivió en Pozuelo de Alarcón.




Algunas obras:

Ramón Bilbao, “Alteración de espacios XVI”, 1989, óleo sobre lienzo, 130 x 162 cm.



Ramón Bilbao, “Memoria colectiva”, 1996, técnica mixta sobre tablero, 145 x 115,5 cm.



Ramón Bilbao, “La cosecha X”, 2013, dibujo



Ramón Bilbao, “La cosecha XV”, 2013, dibujo.


Ramón Bilbao, “Sobre los sentidos”, 1997, óleo sobre lienzo, 163 x 130 cm.



Ramón Bilbao en El Foro de Pozuelo, entre Alfredo Alcaín y Carlos Franco. Mayo de 2000.




Dos de las páginas del Catálogo de Artistas de Pozuelo de Alarcón. Edición impresa.




Ramón Bilbao en su web:





Ramón Bilbao, “Memoria”, 1993, técnica mixta sobre lienzo, 162 x 114 cm.


"Hace un rato he leído en un viejo cuaderno algo que escribí a principios de 1983. Decía que tenía la sensación de que esos pedazos de tiempo que se sienten como relámpagos cuando recibes una intuición corresponden a otro espacio mucho más grande, quizá infinito, pero al alcance de todos nosotros; un espacio donde habita el conocimiento y eso que llamamos sentimientos, y que algunos consideramos objetivos de la pintura, porque creo que las intuiciones son el vehículo que nos comunica con los sentimientos y con el arte cuando este se da.

Quizá el arte sea la parte más hermosa de la ignorancia".

Ramón Bilbao

(Bilbao, 1933- Madrid, 2021)

domingo, 18 de octubre de 2020

Ánima/ Jesús Gironés

 


Nacho Casares  Animula, vagula, blandula 


Ánima

(A partir de la obra de Nacho Casares)


Entré sin saber muy bien dónde entraba. Al poco rato, sentada con mi copa de ginebra en la mano, me tranquilicé. Era como si estuviese en uno de los cafés de Modiano, pero no pensaba suicidarme. Todavía. Entonces me fijé por primera vez en el dibujo.


La casa de mis abuelos. La extraña torre me recordaba a la casa de mis abuelos. En la que nunca había estado. Se fueron, dejando a mi madre, que era una niña, con sus tías. Mi madre creció viendo fotos de un edificio demasiado alto para lo que ella podía ver por aquí. Se imaginaba volando alrededor del edificio. Pero todas las ventanas tenían cristales incrustados en los ladrillos. No se podía abrir. A ella le extrañaba mucho eso de que las ventanas no se pudieran abrir.


Me vi mirando al techo. Las formas redondas de las lámparas eran un deleite para mi vista. El pensamiento volaba voluptuoso. Brillaban sin ostentación, y también me llevaban al pasado. Qué suerte haber encontrado un sitio así en un pueblo tan feo. Justo cuando bajaba del tren llamó él, que se retrasaba unas horas. ¡Unas horas! Salí furiosa de la estación y tiré como la cabra al monte. Entré pensando que entraba en una librería y me encontré con la sorpresa del bar.


Qué gracia el dibujo con las salchichas de colores. Y la señora… Era mi madre sin duda. Así me la imaginaba yo, contenta de haber llegado tan lejos. A pesar de no poder entrar. Soñando todavía con que se podía entrar. Los tamaños no encajaban. ¿Encaja algo en mi vida? ¿Ha encajado algo alguna vez?


Mis abuelos no existen. Se van a vivir muy lejos su amor. Mi madre no entra en sus planes, claro. ¿Cómo pudieron tener ese desliz? Tan jóvenes. Ellos eran inconscientes, felices. Y dejaron que su hija creciese fuera del mundo, con esas mujeres fuera del mundo. ¿Acaso había otra vida posible? Vivieron esa extraña vida de flores, patrones copiados de revistas de París, meriendas eternas. Siempre recibiendo a curas. ¿No había otros hombres? Imagino que no. Los hombres mejor lejos. Unos habrían muerto, los otros se habrían ido.


Un traje para cada ocasión y para cada estado de ánimo. Y juegos de café, de té… Porcelana china, checoslovaca, gallega, asturiana. De Meissen. Y esas figuritas tan caprichosas: gnomos, sátiros, hadas, gatitos, lucinas. dromedarios, elefantes, unicornios, caballos…Yo lo conocí ya todo deslavazado. Pero recuerdo algunas historias. Eran felices sobre todo bebiendo champán. No desperdiciaban ocasión. Mas de cien copas romperían, decía mamá.


El hombre del traje de chaqueta, ¿Que hace?¿Sujeta el edificio?¿Lo levanta?¿Lo va a arrojar al vacío? Y está de espaldas. De espaldas, como siempre. Todo tienen que hacerlo de espaldas a nosotras. De espaldas a mí, por lo menos. Y ella parece feliz. Se abraza al edificio. Parece que tiene un brazo dentro. Claro todo es un sueño. Espero que se despierte antes del batacazo. Ni casa, ni padres, ni nada. Eso si. Le encantaba beber los restos del líquido dorado, que parecía pis, de las copas de champán de sus tías.


Entonces también volaba. Siempre acababa buscando refugio en la cama de alguna muchacha, la mas cariñosa, la que mejor olía. Caía dormida, y a la mañana siguiente la trataban como a una reina. ¡Ay, aquellas jícaritas de chocolate…!



Jesús Gironés Martínez


 I CONCURSO DE RELATO BREVE  EXPOSICIONES AD HOC [2018]

Presentado con el pseudónimo Animula, vagula, blandula.

[Segundo de los 10 finalistas]