jueves, 10 de marzo de 2016

miércoles, 4 de noviembre de 2015



Amados míos

COLECCIÓN JESÚS GIRONÉS


Parte de una vida... Aquel joven que conoció la fama a finales de los ochenta
-solo había dos cadenas de televisión-, estuvo a punto de comprarse un grabado de Barceló, pero ¡ay! estaba agotado, y se conformó con el cartel -eso sí, firmado por el artista- que había editado la galería Juana de Aizpuru. Era el año 1984.

Una colección que es como un álbum de fotografías, un recuerdo de momentos compartidos, que por supuesto ya no volverán. Cada obra refleja una inquietud común, una exposición, un capricho, un destello, una coincidencia, una confidencia, diálogo. Pasión y emoción. Arrebato. Sorpresa. Un guiño. Palabras.

Es, también, un mapa de artistas. De las distintas formas de ver el arte, de reinterpretarlo.

Mi vida y mi labor son pozueleras, desde que a los diez años vinimos a vivir aquí, siempre mirando a Madrid. En las páginas de La Voz de Pozuelo, La Atalaya de Pozuelo o el digital Diario de Pozuelo. Y desde El Foro, que mantiene abierta ininterrumpidamente desde 1978, la sala de exposiciones que es ya la más antigua de la Comunidad de Madrid.

El título de la exposición es idea de David Trullo, volviendo de mi mítico Ortigosa de Cameros con Almudena Mora. Arte y vida, vida y amistad, que son el espíritu de la exposición.


Jesús Gironés
Pozuelo de Alarcón

Octubre de 2005

AMADOS MÍOS
Colección Jesús Gironés
Espacio Cultural MIRA
Pozuelo de Alarcón
5 al 30 de noviembre 2015


Durante años mi colaboración en La voz de Pozuelo, la publicación de referencia en la que quedó para la hemeroteca la evolución del pueblo que dejaba de ser el paraíso de la lombarda y se convertiría en el lugar elegido por las élites económicas para vivir. Al tradicional Somosaguas le salió su hermana mega, La Finca. Las estrellas ya no eran los toreros, sino los futbolistas.

Mi afición por el arte me llevó a eludir una entrevista con Ruiz Mateos –otra estrella mediática- que Jesús Mora me proponía insistentemente y comencé por escribir de Sánchez Leal, ese pintor de otro siglo, pero ¡tan vivo! Que salía con su caballete a pintar del natural e iba reflejando rincones de aquel tiempo en que esto era una mezcla de pueblo y ciudad dormitorio, que en el fondo lo sigue siendo.
Mi madre desayunaba asiduamente en La Aurora, y me decía: tienes que entrevistar a un pintor muy importante, que desayuno todos los días con él. Yo no le hacía caso, hasta que entrevisté a Orcajo, que exponía en el Museo Español de Arte Contemporáneo sus Laberintos Urbanos. Quedé deslumbrado por su obra, sentí la rareza de tener que digerir lo que estaba viendo, y me puse a la tarea.

Durante años sigo la evolución de este artista obsesionado… con pintar. Por cierto, que ha recorrido con su trabajo la evolución de la vida española desde los sesenta hasta hoy. Orcajo utilizó todas sus artes para que me incorporase a la junta directiva de El Foro cívico-cultural, que yo con el paso de los años he rebautizado como El Foro de Pozuelo. Este hecho probablemente ha supuesto la ruina de mi vida, pero ha tenido muchos alicientes. Ha sido como una terrible drogadicción, que perdura hasta hoy, y cada nueva inauguración hace que todo lo malo se olvide y siga empecinado, al borde del derrumbe continuo hasta llegar al definitivo.

Otro de los hechos fundamentales en mi vida artística, digamos, fue ver la exposición de Farreras en la fallecida galería Detursa. En esa época recorría galería tras galería madrileña buscando el éxtasis. Y con Farreras lo encontré. Me sentí como en una catedral. Publique una columna sobre mi experiencia, y cúal no sería mi sorpresa, cuando recibí una amable carta de ¡Farreras!.
Por aquellos tiempos empecé a entrevistar a los artistas en su estudio. Tuve la suerte de conocer a Ute Kadner, que sería –quizá con Emilio Sanz de Soto y Mario Merlino-, una de las personas fundamentales en mi vida. Jesús Mora me lo sugirió: ¿No conoces a una pintora alemana que siempre va a hacer dibujos en las corridas?. Mora me dejaba a mi libre albedrío, por eso nuestra relación duró tanto. Llamé al timbre de Valdenigriales
–por cierto, la casa de Ute la había ido viendo hacerse mientras iba al colegio caminando, sí, antes ibamos al colegio andando, excepto esos raros días en que nos llevaba nuestro padre- y me abrió alguien único. Ute, que tenía una casa sencilla, pero en la que se respiraba el esplendor del Dresde del XVIII, me sentó en su chaise-longue y me preparó el primer gintonic de mi vida. Así entré de lleno en su olimpo particular.

Poco después tuve otra de mis experiencias iniciáticas: conocer a Rinaldo Paluzzi, en su estudio de la carretera de Húmera. Paluzzi transmitía la magia de la creación en estado puro. Seducía naturalmente, quizá con la ingenuidad –pureza- del americano que descubre sus raíces italianas  y acaba enamorándose de España. A Paluzzi le debo el primer Jim Beam. Con él me sentí con un heredero de las vanguardias, espero que pronto tenga la exposición antológica que merece.
Pozuelo siguió creciendo, y yo también, aunque no me diese cuenta. Poco a poco comencé a planear yo solo las exposiciones de El Foro, y Ángel Orcajo fue ensimismándose más y más en su obra… Almudena Mora y David Trullo fueron los primeros artistas que consideré míos: es decir, que sus exposiciones individuales en El Foro fueron auténtica responsabilidad mía, mi apuesta. Y creo que no me equivoqué. Hablo de 1995.
Ya me veo en un futuro cercano, como un abuelito: “Yo conocí a Godard”, y menos mal que hay una fotografía. ¿Qué nos decía Godard? Sí, que lo importante era la continuidad en la ruptura. Quizá por eso siempre he intentado poner en contacto a artistas de distintas generaciones. Apostar por lo nuevo pero mirando a los que preceden. Otro de mis fracasos imagino, en tiempos en que la vertiginosa velocidad nos arrastra a lo nuevo inmisericordemente.

En Pozuelo hubo una vez un bar que acabó llamándose Barrio Séxamo. Era un bar más propio de Nueva York o Berlín, con el sello inconfundible de Pepe Domínguez, ese creador de mundos sutiles, que exploran en lo más oculto del ser humano, y que como tantos otros artistas tiene una vida económica paralela para sobrevivir. Por él conocí a los Sonic Youth o a Einstürzende Neubauten. Me acuerdo la alegría que me dió cuando eligieron su obra –puede verse ahora en el MIRA- para ilustrar el artículo de Babelia sobre una de las exposiciones que organizamos en la galería Carmen de la Guerra. Carmen –pozuelera de tradición- era un peligro, porque se me ocurría una idea, así como de pasada, y ella la ponía en práctica, sin encomendarse ni a dios ni al diablo. Me acuerdo el día que de su mano me vi entrevistando a Berlanga en el club siglo XXI, y la verdad es que es la mejor entrevista que le he hecho. Ese día Carmen llevaba los tacones de aguja perfectos, y Berlanga, feliz.

Hay dos obras sencillas que para mi son especialmente importantes. Un pequeño dibujo de Eugenio Granell, uno de los representantes de exilio español, que me regaló en una visita a su casa. Allí, en agradable tertulia, delante de un Picasso, un salón repleto de arte contemporáneo… O la litografía de Gregorio Prieto, que me compré en Valdepeñas, en su magnífico museo, que es de visita obligada. Gregorio Prieto, uno de los representantes pictóricos de la generación del 27 o de la República. Gregorio Prieto, el vanguardista, el clásico, el amigo de Luis Cernuda…
Estamos ante una colección vivida día día, obra a obra, que ha ido llenando mi casa, me acompaña y es parte de mi vida. Yo he ido creciendo con ella, atesorándola,y lo que me es importante, disfrutando de obras y de artistas muy diferentes. Siempre me ha sorprendido descubrir que artistas que yo admiraba no sentían especial devoción por la obra del otro. Me imagino que mi colección me ha permitido creerme que vivía como un noble arruinado entre las ruinas de mi inteligencia. Y vaya, no quería citar a Jaime Gil de Biedma..

Uno de los contrapuntos de “Amados míos” son las fotografías de tres clásicos españoles: Alfonso, Kaulak (Antonio Canóvas del Castillo) y A. Muro. La de Kaulak nos lleva a Alberta Martínez de la Riva, esa tía tatarabuela –por lo menos- que dedicó parte de su fortuna a crear un Asilo que acogiese a los ancianos y niños desvalidos en Ortigosa de Cameros, su pueblo natal. De su obra hay un dibujo de Lucas Faces, pintor cosmopolita, discípulo del padre de Picasso. Firmado en 1927. Una vez más, vida y arte entremezclados, enmarañados como no podía ser de otra manera. Un empeño, quizá exagerado, de los que pensamos que la vida debería tener más arte. El arte debería, mucho más, ser parte de nuestra vida. De la de todos.

Gracias de corazón, a todos, sobre todo a los que no nombro. Quizá estas palabras podrían ser el principio de un libro...















AMADOS MÍOS son:
A.Javier Arbizu.Pablo Álvarez de Toledo.Dafne Artigot.Eduardo Alvarado.Antonio Alvarado.Alfonso Arenas.Diego Alonso.Ángel Agrela. Alfonso.A. Alcaín y Orcajo.
B.Miquel Barceló.Cecilia Bergamín.Flavia Bernar.Ágar Blasco.Soledad Barbadillo.Mariajosé Bagazgoitia.Ascensión Biosca.Rosa Biadiu.Noni Benegas.C.Nacho Casares.Carlos Franco.Pilar Cavestany.César Calafate.Alberto Chinchón.Juan Calonje.Elías Cabrera.D.José Duarte.Pepe Domínguez.Ismael DeLarge.Héctor Delgado.Ëdouard Detaille.E.Óscar Estruga.Mesa Esteban Drake.Gudrun Ewert.Mareta Espinosa.F.Farreras.Óscar Fuster.Fátima Fortea.Alejandro Fernández-Arango.Fernando Fragua.Lucas Faces.G.Bettina Geisselmann.Eugenio Granell.Concha Gómez-Acebo.Roberto González Fernández.Gordillo.Rosa Guerrero.Juan Gómez.María Gimeno.Mercedes García-Agulló Lladó.Elvira Gutiérrez.Santi Gabán.Miguel Gabán.David Gómez Blaya.E. Gambart.H.Eva Hiernaux.Alberto Herrero.Vicky Herreros.Ricardo Horcajada..J.Concha Jérez.Miguel Jiménez San Juan.K.Ute Kadner.Kaulak.L.Ginés Liébana.Le Frere.Mariana Laín.Fernando Luengos.M.Almudena Mora.Irene Mohedano.Guillermo Martín Bermejo.Paz Muro.Alfredo Morte.Guillermo Mora.Pedro Maruna.Marín Talavera.Juanma Martín.Óscar Megía.Monir.Mapy DH.Óscar Manesi.Luis de la Mata Cid. A. Muro.N.Helmut Newton. Susan Nash. O.Orcajo.P.Paluzzi.Pablo Pérez-Mínguez.Loreto Pozuelo.Yolanda Pérez Herreras.Marita Pz.Victoria.Manuel Portera.Maribel Pena.Gregorio Prieto.R.Mila Rodero.Manuel Robledo.Inma Rosillo-Daoíz.Matilde Roca de Togores.RGF&DDT.S.Carolina Silva.José Luis Sánchez. Krum Stanoev.Enrique Sánchez Leal.Fernando Sacristán Larraya. Katarzyna Szyszko. ST LIBRO OBJETO 22 “A MARIO MERLINO”.T.David Trullo.José Trobo.Martín Toyé.V.Antonia Valero.Gustavo Vázquez.Agustín Valle.Lola Vivas.Antonio Ventura.Y.Juan Yagüe

miércoles, 26 de agosto de 2015

M. Cinta Montagut. Surcando el silencio



M Cinta Montagut: surcando el silencio.



No hay palabras para parar el tiempo
gota a gota escancia su veneno
en las venas del aire,
en miradas antiguas que se borran
en las voces que son murmullos huecos
que la memoria olvida.
Sus huellas en la arena
no las deshace ni el viento ni la lluvia.
En cada cuerpo permanece intacto
hasta el triunfo final de las cenizas.


Cenizas
M Cinta Montagut

colección eMe
dirigida por Nuria Ruiz de Viñaspre
Ediciones La Palma, Madrid 2015









lunes, 27 de julio de 2015

La puerta del horizonte

Recuerdo de la poeta Ángeles Navarro Guzmán


La puerta del horizonte, de Ángeles Navarro Guzmán



Este libro es un ritual de palabras: conocidas, acariciadas, enjugadas. Silencio, tiempo, sueño, mar, paisaje, ausencia... Tejer y destejerlas hasta el límite de lo cotidiano, hasta el límite de las fuerzas. El dolor, el anhelo de lo que no se puede decir, de lo que se atisba, se intuye, se crea: "El silencio/ nos permite dibujar/ de nuevo el mundo".
La voz de Ángeles Navarro Guzmán es de una fidelidad a sí misma sorprendente desde Mar en la sangre, publicado en 1975, al que han seguido A la sombra de la ciudad enamorada (1979, Endymion, editorial Ayuso) y El silencio de los días (1987, Endymion, editorial Ayuso). Y ahora, 22 años después,  de la mano de ediciones Vitrubio La puerta del horizonte, el libro que nos ocupa. Recuerdo que lo compré en la librería Rafael Alberti, camino de los cines Princesa para ver Los abrazos partidos, la espléndida película de Almodóvar. Y probablemente la película hubiese sido otra de no haberla visto después de haber devorado estos poemas. 
 "Si por azar el mar se funde/ en esta condena de escribir perpetua". Los asombrados ojos en la labor de transmitir un estado de ánimo esencial, un diálogo impúdico en su descarnada intimidad, pero a la vez dotado de un pudor inusual, en su integridad moral. Todo se corrompe, pero en la palabra podemos perseguir nuestra existencia, siendo en ella. Ser en lapalabra. Aunque el deseo sea la pregunta cuya respuesta nadie sabe. Y por eso acercar palabras como cuerpos, como si fuesen nuestro cuerpo.
"Iniciada la despedida/ porque es otro el tiempo que ahora anhelas/ destejes mi tiempo/ para liberar tus manos". De estos versos de su anterior libro a "Nada tendrás/ que te asegure mi recuerdo/ habrás de descubrir en el encuentro/ si la distancia transformó en cenizas/ los deseos esbozados en la noche/ o mantuvo latente el sueño incierto/ que navega la ausencia y lapalabra", hay todo un viaje en la propia poética y en la vida. En esa vida que no se cuenta pero que podemos descubrir en lanuestra. Otras claves que nos permiten entender nuestro propio camino: "Tiembla el paisaje/ y el cristal que lo descubre".

Me conmueven estos poemas que acaban en su tercera parte con unos "apuntes" sobre la fotografía de Chema Madoz. Me conmueve este libro con espinas de erizo o las plumas suaves y esponjosas de un búho. De la poeta de los ojos abiertos ala que se le habían marchitado todos los abrazos de la tierra...

Artículo escrito el 1 de julio de 2009.
La poesía completa de Ángeles Navarro Guzmán está reunida en "Mar en la sangre", editada por Vitruvio.
Ediciones Eila publicó "Hasta donde acaba la tarde".


 Ángeles Navarro Guzmán en el mercadillo de libros de la Asociación española de Mujeres Universitarias
 Nines Navarro Guzmán (Fotografía Eila Ediciones)
 Mar en la sangre, poesía completa de Ángeles Navarro Guzmán, ediciones Vitruvio
El primer libro que leí de Nines, en casa de Lola Crespo y Ricardo Navarro: "A la sombra de la ciudad enamorada".

lunes, 4 de mayo de 2015

Un poema carnívoro de Nuria Ruiz de Viñaspre

cuántas veces he saboreado tu carne
cuántas he mordido tu cadera
nunca tu lengua es cierto
tampoco tu víscera
he respetado corazón y alma
tus partes blandas -las más rojas-
pero eso sí, te he saboreado azul
he masticado tu carne y tu calma
para que entrara en mi boca el aire verde de tu alma
para llenarme con tu sexo de alfalfa y campo
dime  -cuántas veces he bebido de tus vacías ubres…
pero no sufras por ello
no tardarán en saborear la poca carne
que se pega a mi alargado hueso -la exaltada-
no temas tu venganza vendrá dada
en forma de negro pasto de gusanos


Nuria Ruiz de Viñaspre
de Tablas de carnicero (2010)
en DISIDENTES. Antología de poetas críticos españoles (1990-2014)






Imagen: Nuria Espert en "Viva la muerte", de Fernando Arrabal (1971)

miércoles, 22 de abril de 2015

Hotel París, un poema de Jesús Gironés

Hotel París


No me voy a detener en la tristeza
Ya no me crecerán alas
Ni podré besarte


Fuera, la lluvia
Dentro, el frío.


Escribir en los cuerpos 
es el lenguaje más difícil.


Jesús Gironés






(Hotel París es un poema incluido en la antología de poesía
Blanco Nuclear, coordinada por Luis Pino, para Ediciones Sial.
En el Hotel París celebraron mis padres su boda en 1960, aunque las razones del poema...)




jueves, 16 de abril de 2015

Recuerdos de Ortigosa de Cameros

(algún día tendré que escribir algo)



Mi madre dice: “Vámonos, pronto oscurecerá.
Se acerca ya nuestra segunda muerte,
son menos cada vez los que aún nos recuerdan”.

Joan Margarit
Hacia el crepúsculo,
en Todos los poemas: 1975-2012”, Austral, Barcelona, 2015.


 “Mi” Ortigosa mítica, que se nutre de los recuerdos de infancia -casi inconscientes, sensaciones-, los dos primeros años que fuimos con mi abuelo Eusebio... Los ritos, la sorpresa. Años después me contaría Esteban Pinillos que mi abuelo, cuando llegaba a Ortigosa “disfrutaba como un niño la mañana de reyes... “.
Ortigosa: la cocina de mi tía Petra, de la que me gustaría acordarme más. El pan frito para desayunar; los huevos para cenar, en aquellas cazuelitas blancas, con un filo azul y dos asas. Las sobadas, el brazo de gitano, la tarta de moka, los emparedados (rebozados). 
La morcilla dulce, el exótico caviar de mi infancia.
Como era el mayor, al llegar, mi abuelo me llevaba a la ronda de visitas. La tía Agus, Piedad, el tío Felix y la tía Felicitas. Luego me recuerdo yendo -yo solo- a ver a la tía Petra y la tía Pruden. Tocar el picaporte, esperar -se me hacía larga la espera hasta que aparecía la tía Pruden...
El mundo de mis tías abuelas: las Viniegras, las Loychates, las Hilarias, Tere Olmedo, Trini y Tiburcina... Sagrario, Piedad, Rafaela Vicente, que la tía Petra me mandaba a recoger el helado de leche merengada que le regalaba. Y también me acuerdo de los abuelos de Josito, Mamerta y Luis. 
Y de Inma, Cristina y Virginia.
Y de Leito, el asombro de que año tras año me reconociese por la voz: “Hola, Jesusito”. Y su bastón articulado,
Y el “Libro de Ortigosa”, con sus tapas duras. Me regalaron uno y me parecía un tesoro.
Ir con la tía Carmen a la fuente de San Antonio, que siempre recogía madreselvas y se las ponía al sagrado corazón -entronizado, decían-, que hay en casa...
Ir a las eras montados a caballo, y jugar entre la paja.  Solo fué una vez, pero ahí se quedó el recuerdo, como una fiesta irrepetible... O el miedo que me daba montar en el burro del tío Felix.
Me acuerdo del año que de los caños de la fuente de la plaza salía vino...
De cuando me contaban que Niceto Rubio era el padrino de la tía Carmen, y que una vez le dio una vuelta en avión,  la única que se atrevió de las hermanas...
De las excursiones que hacíamos, de coger manzanilla, de los caminos por los que no sabría volver. De las fresitas que crecían entre los helechos.
De lo misteriosa que me parecía la casa, sobre todo el payo, al que por supuesto no nos dejaban subir. 
De que la tía Petra me mandaba a la fuente de San Martín a por agua con una jarra, porque decía que sabía más buena.
De ir a tomar zurracapote, niños y mayores.
De las obras de teatro que hacíamos en casa de Nacho, y la leche condensada al baño María que llevaban para merendar. Y de la masa de pan que comprábamos en la panadería, para hacer investigaciones gastronómicas, que no había quién las comiese.
Del año que ardió el pajar de la tía Agus.
De María Gracia, todos los niños siguiéndola formando una cadena y cantando, -¿“Pase misì, pase misá”?- entrando y saliendo del casino...
De la matanza de un cerdo, en un portalón debajo de casa, el corte en el cuello, el cubo recogiendo la sangre, tan natural...
De las bromas que año tras año me gastaba Santi, el hijo de Antonia la Fontanera -no es que fuese fontanera, lo era su marido-, y yo, año tras año, caía.
De la tómbola, y sus sobrecitos azules, y que a veces te tocaba de premio bollitos de chorizo.
De las galletas ¿de nata, de mantequilla?, que hacía la tía Carmen, con forma de pájaro, flor... que años después las comí exactas en casa de Gudrun Ewert.
De las tertulias en casa de Piedad, lo bien que nos recibía siempre. Del jabato que un año tenían, ¡cómo corría, que velocidad! Y de contarnos que una de las puertas de la cocina era de la casa anterior de mís tías, que dejaron muchas cosas allí, que por qué lo harían.
De la primera vez que nos mandaron a la tienda de Mari Cruz: “¿De quién sois? No me lo digáis, colominitos, colominitos”.  Y parecerme mágico.
De las cabras, bajando cada una a su casa al anochecer..
Nada más llegar: los pájaros sobrevolando el puente, ¡tanta alegría!.

El preludio: Piqueras. La emoción desatada: al desviarnos en Villanueva.