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sábado, 25 de enero de 2025

ORCAJO. Últimos dibujos.


                    Sugestiva ensoñación de Maribel Pena, su esposa, a los dos años de su muerte.
                    No expuesto.

Con 90 años cumplidos, Ángel Orcajo Aguilar (Madrid, 31 de octubre de 1934) sigue pintando. Unos dibujos que son fieles al mundo que creó durante décadas. De alguna manera han perdido el carácter obsesivo de su pintura, pero conservan elementos de ella, en un tono más ácido y divertido. Tienen algo del mundo del comic, de antiguas portadas de discos -ha sido un gran coleccionista desde su juventud-, y de imágenes de los medios decomunicación. 

Ha sido una gran alegría descubrir estos dibujos, seleccionados por su hija Sonia.


Sus últimas exposiciones individuales han sido  en abril/mayo de 2022: "ORCAJO. Imágenes para la reflexión", en la Casa de Cultura Tamara Arroyo, que desde entonces su sala de exposiciones lleva el nombre de Ángel Orcajo.

En octtubre de 2021 en el Museo Luis González Robles/Universidad de Álcala de Henares vimos "ORCAJO: el bosque de la pintura", una magnífica antológica.


ORCAJO El bosque de la pintura


















                                        Sonia Orcajo Pena y Jesús Gironés Martínez


Fernando Luengos y Sonia Orcajo


Fernando Luengos, Sonia Orcajo y Jesús Gironés





Fernando Luengos con Ángel Orcajo



ORCAJO

Hombres en quiebra con los brazos en cruz, SOS. ¿Habrá vida después de la destrucción del planeta?.

Últimos dibujos

Casa de Cultura Carmen Conde de Majadahonda

Sala de exposiciones Ángeles Santos

enero 2025

(Acompañado de López Soldado y A.R. Mayo)


jueves, 24 de marzo de 2022

Ramón Bilbao


 

"Nunca descansaremos en Ramón Bilbao. Nunca acabaremos de abarcar su figura y su obra, que un día, como aquél y como éste, se presentan de improviso, obligándote a inaugurar un conocimiento, a tener que transitar inteligentemente de la nada al todo, del cero al infinito".

Miguel Logroño

Ramón Bilbao, “Alteraciones III”, 1986, óleo sobre lienzo, 130 x 162 cm.


El pasado ARCO 2022 Ramón Bilbao fue una de las estrellas mediáticas con su obra sobre Franco,  retratos de los últimos fusilados del franquismo y de otras personas de aquellos años convulsos. Mi sorpresa fue mayúscula al leer que el artista había fallecido el año pasado. Busqué en internet y no encontré absolutamente ninguna noticia sobre su fallecimiento. Recordé que la última vez que nos vimos fue en la presentación del Diccionario de Artistas de Pozuelo de Alarcón.

Por fin descubrí que Ramón Bilbao murió el 24 de Marzo de 2021.




Galería José de la Mano. ARCO 2022


Esta página es un pequeño homenaje al artista y su memoria. Aquí imágenes de la entrevista que publiqué en La voz de Pozuelo, diciembre de 1986.

Ramón Bilbao vivió en Pozuelo de Alarcón.




Algunas obras:

Ramón Bilbao, “Alteración de espacios XVI”, 1989, óleo sobre lienzo, 130 x 162 cm.



Ramón Bilbao, “Memoria colectiva”, 1996, técnica mixta sobre tablero, 145 x 115,5 cm.



Ramón Bilbao, “La cosecha X”, 2013, dibujo



Ramón Bilbao, “La cosecha XV”, 2013, dibujo.


Ramón Bilbao, “Sobre los sentidos”, 1997, óleo sobre lienzo, 163 x 130 cm.



Ramón Bilbao en El Foro de Pozuelo, entre Alfredo Alcaín y Carlos Franco. Mayo de 2000.




Dos de las páginas del Catálogo de Artistas de Pozuelo de Alarcón. Edición impresa.




Ramón Bilbao en su web:





Ramón Bilbao, “Memoria”, 1993, técnica mixta sobre lienzo, 162 x 114 cm.


"Hace un rato he leído en un viejo cuaderno algo que escribí a principios de 1983. Decía que tenía la sensación de que esos pedazos de tiempo que se sienten como relámpagos cuando recibes una intuición corresponden a otro espacio mucho más grande, quizá infinito, pero al alcance de todos nosotros; un espacio donde habita el conocimiento y eso que llamamos sentimientos, y que algunos consideramos objetivos de la pintura, porque creo que las intuiciones son el vehículo que nos comunica con los sentimientos y con el arte cuando este se da.

Quizá el arte sea la parte más hermosa de la ignorancia".

Ramón Bilbao

(Bilbao, 1933- Madrid, 2021)

viernes, 4 de febrero de 2022

Francesc Torres

 


Esta foto no tiene desperdicio y me ha llevado, una vez más, al campo de batalla del que siempre vuelvo hecho un cristo. La imagen es de 1945 y está tomada en la cárcel Modelo de Barcelona. El señor de pie a la izquierda, delante de la mesa de disección (literal), es un preso político que está pasando por el bisturí de una comisión que debe determinar si puede volver a casa o se queda en el trullo. La composición de la comisión se las trae; un cura, dos monjas, un militar, un guardia civil, un señor que pasaba por allí en el extremo de la mesa y el Gran Inquisidor con la potestad de podrirle la vida al reo. Traigo esto a colación porque por estas mismas fechas en el mismo sitio, la Modelo, estaba mi abuelo Pep, igual se conocieron con el señor de la foto. A Pep aún le quedaban un par de años. La fecha es significativa porque marca el final de la época más atroz de la inmediata posguerra (no es que lo que siguió fuera un picnic, precisamente, ni mucho menos); mientras Franco creyó que los alemanes e italianos iban a ganar la II Guerra Mundial las condiciones de los prisioneros políticos fueron de una dureza extrema. Al ganarla los Aliados y darse cuenta que había cambiado el son que tocaban se empezaron a vaciar las prisiones y campos de concentración. Bajó mucho la demografía carcelaria y empezaron a ir con un poco más de cuidado a la hora de apretar el gatillo. Pero el detalle que me ha servido de acicate para escribir estas líneas es la monja en el extremo de la mesa. Mi madre me contaba que había en la prisión una monja vasca de proporciones de aizkolari cuyo nombre desgraciadamente no consigo recordar, que le tenía un especial cariño a mi abuelo (conociendo a mi abuelo no voy a especular), y que cuando mi madre y mi abuela iban a visitar a Pep, estando él todavía condenado a muerte antes de que le conmutaran la pena (a lo mejor se lo comunicó el jerarca de la papada), le decía a mi abuela: “Pepita, te digo yo que no lo van a matar, ¡aunque me tenga que esconder a tu marido debajo de las faldas!”. Me hubiera gustado conocerla, seguro que nos hubiéramos caído bien. 

FRANCESC TORRES