viernes, 4 de junio de 2021

Las ramas caídas



Apenas un sonido seco en la tormenta nocturna. Una rama que es como un árbol se ha derrumbado. Por la mañana el asombro, el desconcierto. La fragilidad.
La ayuda, el auxilio. Han pasado horas y sigues sin creerlo. Algo en tu alma ha caído. Guarda tu optimismo. Pero quizá no, sigue luchando por tu alegría. Todo está saliendo bien.
Los pájaros encontrarán otro árbol.
El sol abrasará, el verano es corto.
Un amigo ha empezado a recoger las ramas...












 













[2 de junio de 2021]


Y antes era un árbol, mi morera









sábado, 29 de mayo de 2021

Paz Muro en Blanco, negro y Magenta




Jesús Girones con la obra de Paz Muro para DESNUDOS, en El Foro de Pozuelo. Fotografía de Pablo Pérez-Mínguez. La obra es un guiño a Jesús Gironés, como organizador de la muestra, pero sobre todo a su propia obra:"Influencia cultural, y nada más que cultural, de la mujer en las artes arquitectónicas, visuales y otras".



Paz Muro, la alegría a ti debida.

Insólita, silenciada, inclasificable, carnavalesca, libertaria… Muchos son los adjetivos que se le han adjudicado a una de las artistas más singulares del panorama español. La medalla de oro a las bellas artes que le ha concedido recientemente el ministerio de cultura, ojalá sea un paso más para el mayor reconocimiento que le es debido.


Pienso en Paz Muro cuando Paul B. Preciado escribe que: “el arte es siempre una estrategia de la alegría". Quizá su apuesta lúdica, transgresora y muchas veces divertida la ha apartado de quienes tenían el poder para dar testimonio. Cuando decide celebrar su boda con el arte, quizá muchos no supieron ver la importacia de su propuesta. Y no era una decisión banal. Aquel acto, compromiso, happening, en el que participaron algunos de los mas relevantes actores del mundo del arte del momento, era una declaración de principios. Una apuesta profundamente feminista, ética y revolucionaria.


Cuando la conocí en persona, venía precedida de una larga trayectoria y de su mítica performance el 23 F, en el MEAC, que el golpe de estado no paró. Hizo un pequeño happening para mí y me regaló una de las últimas de las “estampitas” que le quedaban de su homenaje a Tiziano, en la que se lee: “Aquí PAZ… después...”.


Tuve el privilegio de que expusiera en El Foro -una de las veces en “Desnudos”-, y preparó una obra que por una parte era un guiño a mí, pero sobre todo a una de sus obras fundamentales: “Influencia cultural, y nada más que cultural, de la mujer en las artes arquitectónicas, visuales y otras”, actualmente en la colección del MNCARS.


Para conocer más a fondo la obra de Paz Muro hay un magnífico estudio de Isabel Tejeda y Lola Hinojosa, publicado en Artigrama. En él inician un acercamiento a “un trabajo con pocos parangones dentro del arte español”.



Jesús Gironés












BLANCO, NEGRO y MAGENTA





Paz Muro con Mareta Espinosa en a inauguración de Aforadas, dentro del I Festival Miradas de Mujeres. El Foro de Pozuelo. Marzo 2012.

Laura Amigo, Jesús Gironés, Paz Muro y Antonia Valero. MNARS.  Inauguración de "El arte sucede. Origen de las prácticas conceptuales en España (1965-1980)". 11 de octubre 2015.

Julio Pérez Manzanares, Paz Muro y David Trullo. El pasaje del Arte. Octubre 2013.




Paz Muro: Carolo V et Philiphi II.

martes, 25 de mayo de 2021

Tatsuji Miyoshi

 




TATSUJI MIYOSHI: LLÁMAME POR MI NOMBRE

Llámame por mi nombre por favor
por favor llámame por mi nombre de niño
compadécete de mí y llámame de nuevo por mi nombre de niño
llámame desde el lejano día en que el viento soplaba, por favor
llámame por favor desde el lejano día
cuando en la esquina de nuestro patio el arbusto de té aún tenía unos pocos capullos
cuando los copos de nieve bailaban alegremente
llámame por favor
llámame por mi nombre


en "Pioneers of Modern Japanese Poetry: Muro Saisei, Kaneko Mitsuharu, Miyoshi Tatsuji, Nagase Kiyoko", Cornell University Press, Ithaca, NY, 2019. Ed. y trad. del japonés al inglés, Takako Lento. Trad. del inglés al castellano, Jonio González. La imagen, de Helstner Hilton, 1911.

[Del muro de facebook de Jonio González]



Tatsuji Miyoshi

Francisco Brines


Fotografía de Jesús Císcar


Conocí a Francisco Brines una noche en la Residencia de Estudiantes. Y no una noche cualquiera, era la noche de la fiesta de la Residencia. Creo que era la primera vez que me invitaban, y allí estábamos hablando con el poeta. La memoria es una sombra, una sensación. Ángel Rodríguez Abad era el maestro de una ceremonia íntima entre aquella orgía que nos rodeaba. Recuerdo sus ojos, su voz, sus confidencias. Un rato refugiados en la oscuridad.

Y busco un poema: la primera vez, la ciudad universitaria, los árboles. Pero no lo encuentro.




                       Francisco Brines por Roberto González Fernández



Aquel verano de mi juventud

Y qué es lo que quedó de aquel viejo verano
en las costas de Grecia?
¿Qué resta en mí del único verano de mi vida?
Si pudiera elegir de todo lo vivido
algún lugar, y el tiempo que lo ata,
su milagrosa compañía me arrastra allí,
en donde ser feliz era la natural razón de estar con vida.
Perdura la experiencia, como un cuarto cerrado de la infancia;
no queda ya el recuerdo de días sucesivos
en esta sucesión mediocre de los años.
Hoy vivo esta carencia,
y apuro del engaño algún rescate
que me permita aún mirar el mundo
con amor necesario;
y así saberme digno del sueño de la vida.
De cuanto fue ventura, de aquel sitio de dicha,
saqueo avaramente
siempre una misma imagen:
sus cabellos movidos por el aire,
y la mirada fija dentro del mar.
Tan solo ese momento indiferente.
Sellada en él, la vida.

Francisco Brines



             Francisco Brines y Roberto González Fernández



lunes, 15 de febrero de 2021

Yirewa

 


1


Las semillas son invisibles; duermen en el secreto de la tierra, hasta que un buen día una de ellas tiene la fantasía de despertarse”. Antoine de Saint-Exupéry, El Principito.


Me gustan las semillas. Encierran todo un mundo, memoria de vida. Pueden ser

juguetes, o collares, pulseras, pendientes. Y pueden mantener sus propiedades

durante años.

Cada una es un mundo que atesora la vida. Un pequeño planeta que da origen a la

vida. Y a la vida para muchas personas.

Hablamos de sembrar en las personas, de las ideas que son semilla.

Lo simple, lo pequeño puede ser el origen de algo grande.

Parábolas, cuentos, metáforas, semillas.

La semilla es alimento, esperanza, la reparten las manos del hombre, los pájaros, el

 viento.

Apenas sé de ellas.





2


Guardar el agua. Agua para germinar. Germinar, crecer, desarrollarse: personas, ideas

proyectos.

Agua guardada como un tesoro, agua de lluvia. Agua vida. Agua para los ritos y para la

sed.

La literatura derrocha agua: enamorada, con alas, medrosa y triste, acérrima y helada;

impura, muda o ronca; tendida, bella y matinal; cristalina, profunda, de pupila, mustia.

Agua abierta, firme, verde, encantada; crepuscular, sedienta, luminosa; espesa.

Aljibes, acequías, depósitos, cántaros, vasijas. Guardar el agua, almacenarla,

atesorarla.

Agua que es música y canción.

Agua de río, de tormenta.

Agua de lluvia, agua de pozo.


Jesús Gironés Martínez


[Mi colaboración con la publicación de Yirewa: MABONGISSEH]







MABONGISSEH

"Un poblado de 600 habitantes en Sierra Leona, donde honbres y mujeres, niñas y niños

 luchan por sobrevivir con autosuficiencia para poder vivir en su tierra con dignidad.

A través de las siguientes páginas, la Asociación YIREWA, "progreso" en lengua mandinga,

 os ofrece una visión de la gente de la aldea, de sus trabajos y de sus problemas por

 resolver".


Toda la información en

Yirewa.com







sábado, 31 de octubre de 2020

Un poema de Olga Bergholz y una canción de Marina Rossell

 

Olga Bergholz y su marido, Boris Kornilov, 1929.


OLGA BERGHOLZ: ANTES DE SEPARARSE

Al irme, todo lo dejo para ti,
todo lo mejor en cada año desaparecido.
Toda la ternura pasada, la fidelidad pasada,
y el borde de la felicidad beso como una bandera.
A la severa y combativa bandera
de nuevo hago mi juramento
y, levantando la rodilla en el aire, la suelto.
Ya no nos conoceremos tú y yo
una felicidad igual a la que ardía en nosotros.
Pero creo que mi mejor canción
conservará para siempre
la bandera que sirvió lo suyo.
También te dejo la golondrina
de la primera bandada, que regresó, atrevida,
nuestra golondrina del bloqueo,
que vivía bajo un techo de dolor.
En tu hora solitaria la escucharás...
Y lleva conmigo todas las lágrimas,
y nuestras pérdidas,
golpes,
amenazas,
todas nuestras turbaciones
y atrevimientos,
nuestra difícil y gran maduración,
la canción de cuna que nunca se cantó
sobre nuestra hija,
canción concebida en la noche de guerra,
entre torbellinos de nieve;
sólo está conmigo y no es más alta ni más baja.
¡Adiós, mi generoso!
Tanto te amé...
Serás ahora más rico.
Así he dividido nuestra riqueza.



en "Poesía rusa del siglo XX", Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1970. Trad. de Manuel Rojas. En la imagen, Olga Bergholz y su marido, Boris Kornilov, 1929.
Nacida en Leningrado en 1910, Bergholz estudió filología y trabajó como periodista en esa misma ciudad. En 1938, en el transcurso de la Gran Purga, fue encarcelada durante siete meses con cargos falsos "en conexión con los enemigos del pueblo" y como participante en una conspiración contrarrevolucionaria. Como consecuencia de las palizas y los malos tratos recibidos su hija nació prematuramente y murió. Su marido fue fusilado. Por fin, en 1939 se la declaró inocente y fue rehabilitada. En 1940 se afilió al Partido Comunista. Amiga de Ana Ajmátova, durante el sitio de Leningrado realizó transmisiones radiales para reconfortar a los defensores de la ciudad, en la que murieron unos dos millones de personas. A la entrada del mausoleo en memoria de los caídos, grabada en granito, hay una frase suya: "Nadie es olvidado y nada es olvidado". Murió en Leningrado en 1975.

Gracias a Jonio Gonzáez
Publicado en su facebook




Y una canción de Marina Rossell



Cuánta Guerra!

¡Cuánta, cuánta, cuánta guerra!
¿Cada vez más crueldad
sobre el frescor de la hierba,
sobre el azul de la mar?
¡Cuánta, cuánta, cuánta guerra!
¿Dónde se esconde la paz?,
¡Tanto tiempo, sin tregua,
y sin poderse escapar!
Destino miserable,
el de los pobres,
¡Destino cruel,
destino cruel!
¡Cuánta, cuánta, cuánta guerra!
¿Quién os podrá rescatar
de otro tiempo que se lleva
la esperanza y la bondad?


domingo, 18 de octubre de 2020

Ánima/ Jesús Gironés

 


Nacho Casares  Animula, vagula, blandula 


Ánima

(A partir de la obra de Nacho Casares)


Entré sin saber muy bien dónde entraba. Al poco rato, sentada con mi copa de ginebra en la mano, me tranquilicé. Era como si estuviese en uno de los cafés de Modiano, pero no pensaba suicidarme. Todavía. Entonces me fijé por primera vez en el dibujo.


La casa de mis abuelos. La extraña torre me recordaba a la casa de mis abuelos. En la que nunca había estado. Se fueron, dejando a mi madre, que era una niña, con sus tías. Mi madre creció viendo fotos de un edificio demasiado alto para lo que ella podía ver por aquí. Se imaginaba volando alrededor del edificio. Pero todas las ventanas tenían cristales incrustados en los ladrillos. No se podía abrir. A ella le extrañaba mucho eso de que las ventanas no se pudieran abrir.


Me vi mirando al techo. Las formas redondas de las lámparas eran un deleite para mi vista. El pensamiento volaba voluptuoso. Brillaban sin ostentación, y también me llevaban al pasado. Qué suerte haber encontrado un sitio así en un pueblo tan feo. Justo cuando bajaba del tren llamó él, que se retrasaba unas horas. ¡Unas horas! Salí furiosa de la estación y tiré como la cabra al monte. Entré pensando que entraba en una librería y me encontré con la sorpresa del bar.


Qué gracia el dibujo con las salchichas de colores. Y la señora… Era mi madre sin duda. Así me la imaginaba yo, contenta de haber llegado tan lejos. A pesar de no poder entrar. Soñando todavía con que se podía entrar. Los tamaños no encajaban. ¿Encaja algo en mi vida? ¿Ha encajado algo alguna vez?


Mis abuelos no existen. Se van a vivir muy lejos su amor. Mi madre no entra en sus planes, claro. ¿Cómo pudieron tener ese desliz? Tan jóvenes. Ellos eran inconscientes, felices. Y dejaron que su hija creciese fuera del mundo, con esas mujeres fuera del mundo. ¿Acaso había otra vida posible? Vivieron esa extraña vida de flores, patrones copiados de revistas de París, meriendas eternas. Siempre recibiendo a curas. ¿No había otros hombres? Imagino que no. Los hombres mejor lejos. Unos habrían muerto, los otros se habrían ido.


Un traje para cada ocasión y para cada estado de ánimo. Y juegos de café, de té… Porcelana china, checoslovaca, gallega, asturiana. De Meissen. Y esas figuritas tan caprichosas: gnomos, sátiros, hadas, gatitos, lucinas. dromedarios, elefantes, unicornios, caballos…Yo lo conocí ya todo deslavazado. Pero recuerdo algunas historias. Eran felices sobre todo bebiendo champán. No desperdiciaban ocasión. Mas de cien copas romperían, decía mamá.


El hombre del traje de chaqueta, ¿Que hace?¿Sujeta el edificio?¿Lo levanta?¿Lo va a arrojar al vacío? Y está de espaldas. De espaldas, como siempre. Todo tienen que hacerlo de espaldas a nosotras. De espaldas a mí, por lo menos. Y ella parece feliz. Se abraza al edificio. Parece que tiene un brazo dentro. Claro todo es un sueño. Espero que se despierte antes del batacazo. Ni casa, ni padres, ni nada. Eso si. Le encantaba beber los restos del líquido dorado, que parecía pis, de las copas de champán de sus tías.


Entonces también volaba. Siempre acababa buscando refugio en la cama de alguna muchacha, la mas cariñosa, la que mejor olía. Caía dormida, y a la mañana siguiente la trataban como a una reina. ¡Ay, aquellas jícaritas de chocolate…!



Jesús Gironés Martínez


 I CONCURSO DE RELATO BREVE  EXPOSICIONES AD HOC [2018]

Presentado con el pseudónimo Animula, vagula, blandula.

[Segundo de los 10 finalistas]